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miércoles

Cuando desperté el ambiente seguía húmedo, denso y sofocante como estuvo toda la noche. Lo primero que hice fue tomar un sorbo de la botellita de agua que estaba en el piso y después me levanté a abrir las ventanas. La brisa entró, la temperatura bajó y pude vestirme sin que se me pegue la ropa al cuerpo.

Es que ayer empezó el calor en Buenos Aires (aún así dicen que seguimos en primavera), el subte inframundo y la nariz transpirada, alergia al polen y extraña alegría sin razón. Sufrir deja de ser necesario (o placentero) cuando la temperatura sube; el calor de abrazarse a uno mismo se vuelve una molestia y no queda más que abrirse.

En fin...
Fui al baño y dudé por un momento entre meterme a la ducha o volverme a recostar. Al final decidí completar las horas de sueño que me quitó el calor de la noche anterior y los zancudos zumbándome el oído, no sin antes calcular bien el tiempo que me iba a quedar dormido, pues tenía que estar en la escuela antes de las once para poder conseguir un piano para practicar. Además siempre es necesario hacer un calentamiento de dedos y oido con la guitarra y la voz antes de salir.

Me enrollé en las cobijas...
Esta vez el sueño vino de inmediato y me puso en un escenario imaginario. Recuerdo un espacio amplio, abierto, celeste. También recuerdo haber estado conversando con vos, ya no contándote lo que hice durante el día, sino viviéndolo y disfrutándolo con mi cabeza apoyada en tu vientre y la sensación que se tiene cuando te echas a la sombra de un arbol, en medio de un bosque. ¿No es curioso que haya soñado que me dormía? Poco a poco mis ojos se iban cerrando y tú me acariciabas la frente y los cabellos. No me había sentido tan tranquilo desde hace mucho tiempo.

Desperté apenas tarde y el día se fue desarrollando, mejor de lo que esperaba para ser sincero. En todos los exámenes me fue bien y me dieron nuevas tareas, lo cual significa que voy a estar ocupado. Cuando llegué a la casa tuve ganas de contartelo todo, pero me acordé del sueño que tuve y todo lo demás perdió encanto. Asi que...



jueves

Su oscura habitación lo vió levantarse recién pasado el mediodia.
Fue por un vaso de agua a la cocina, al entrar tuvo que tapar con las manos sus ojos por la luz que entraba por esa ventana grande. A pesar de estar en pleno invierno, Buenos Aires se abrigaba con un sol amarillo, gigante y alegre sobre el cielo más celéste que habían visto sus ojos desde que llegó a la ciudad.

Qué decepción se llevó cuando al atravezar el portón del edificio y salir a la calle vió a la gente caminar como si nada raro estuviera pasando. Puede que no lo hayan visto, al fin y al cabo es una suerte que él lo haya notado. Porque ¿quién se fija en el cielo hoy en día?

Hizo las compras del día y volvió a la casa lo más rápido que pudo. Se sentó en su lugar favorito de la casa (se sentaba sobre el borde de su ventana abierta con los pies apoyados en su cama) y allí armó un faso. Esperó, sin pensar en nada, a veces recostándose sobre el vacío, o viendo a las palomas que se posaban cerca. Hasta que el hambre le libra la batalla a la pereza infinita que le embarga y le gana sin dificultad.

Las cuatro de la tarde y recién a cocinar. Y dieron las cinco y recién almorzando...

Son las seis y empieza a oscurecer.

Ahora deja que su vista se resbale en el gris de la misma ventana que hace unas horas le dió esperanzas con su luz cálida; un día de primavera en pleno invierno, pero se fue y él no estuvo ahí.

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Ahora va a esperar hasta las dos de la madrugada para "divertirse" (en realidad nunca se atreve a dejar su estado crónico de melancolía) en un lugar caro, oscuro, frívolo, con la música sonando a un volumen hiriente y las personas moviéndo sus cuerpos alegremente aunque sin rostro ni voz.

-¡Pero antes otro porro y a tocar la guitarra!- exclama dejando escapar una luz, un brillo.

La alegría fugaz se esparce como si fuera fruto de su tortura. Tocaba y se olvidaba de todo
Aún así...

No falta poco para que tenga que salir al kiosco otra vez ya que se le acabaron los tabacos y lamentablemente no se le ocurre nada mejor que eso para calmar la angustia que le crea un día primaveral en pleno invierno.

ayer

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